Ñato Gullé “La Leyenda que Todavía Corre”

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Producción: Carlos Campana – Textos: José Félix Suárez

En la década del 50, cada vez que pisaban suelo mendocino para participar del  tradicional “Gran Premio Viñas y Sierras”, una de las competencias más importantes del Turismo de Carretera de esos años que organizaba anualmente el Automóvil Club Luján, los hermanos Oscar y Juan Gálvez permanentes animadores de la categoría, pilotos de punta, eximios mecánicos, los ídolos más grandes del automovilismo deportivo argentino en la época que Juan Manuel Fangio se había ido a Europa para competir en la Fórmula Uno Internacional, lo primero que hacían era preguntar: “¿Qué tiempo hizo Pablo?”.

Se referían a Pablo Gullé, el volante local del que se decía “o rompe o gana”, por su temperamento ganador, su vehemencia al conducir,  que ponía absolutamente todo lo que tenía arriba del auto y que no media riesgos a la hora de pisar a fondo el acelerador.

Se recuerda que en una oportunidad aceleró de tal manera en la misma línea de largada que rompió el embrague y que en otra ocasión, con la Bugatti en Tucumán, cuando los auxilios habían dejado su vehículo con la marcha atrás, no se dio cuenta y largó para atrás por lo que quedó último y tuvo que pelearla desde esa posición.

Para la prensa especializada resultó el piloto local  más grande de esos dorados tiempos cuando otros referentes como Pedro Yarza, el alvearense Víctor García, Emilio Bertolini (padre), Salvador Ataguile, Julio César “Pichón” Castellani, su hermano Florentino, “Chapeque” (Francisco Mazzoni), Guido Maineri, José “Pipo” Maimone, Emilio Boretto, Roque Buttini, Francisco Camarda, Julio Cusac, Hugo Desimone, Manuel Cubillos, José Malizia y Antonio “Fosforito” Fernández fueron otras de las grandes figuras del automovilismo deportivo mendocino.

El “Aguilucho”, apodo con el que se conocía a Oscar, el más extrovertido de los dos hermanos, con esa simpatía que lo había hecho tan popular en las rutas del país, iba más lejos aún porque en la línea de largada le pedía con su habitual picardía: “¿Ñato, no me das unos metros de ventaja?”. Gullé se había ganado el respeto y la admiración no solo de los Gálvez sino también de corredores del prestigio de Domingo Marimón, Marcos Ciani, Rodolfo de Alzaga, Eusebio Marcilla, Daniel Musso, Félix Alberto Peduzzi, Jorge Descotte, Ricardo Risatti, el sanjuanino Jorge Devoto (Ampacama) y muchos más que semanalmente hacían patria en los polvorientos caminos de la Argentina con sus coloridas máquinas que a su paso convocaban multitudes por la increíble pasión que provocaba el TC.

El testimonio de su hija Dora Angela que en el hogar de la calle Videla Correa al 179 de ciudad, donde Pablo vivió hasta su muerte en 1984, ha creado un museo que mantiene viva su memoria en cientos de trofeos, copas, medallas, cuadros, álbumes de fotos, posters y tapas de revistas deportivas (El Gráfico, Mundo Deportivo y Coche a la Vista) permite reconstruir la brillante trayectoria del único mendocino que llegó a competir en la Fórmula Uno y que en sus inicios en los 40 se hizo conocido por su inconfundible y pintoresca cupecita bautizada como “la empanada”.

Del mismo modo que el relato de quién fuera uno de sus mejores amigos, el Negro José Domingo Pelliza, actual dirigente del Automóvil Club Mendoza y de la Federación Mendocina de Automovilismo, que lo conoció desde muy pequeño porque a los 5 años recorría boxes y talleres de la mano de su padre, José Lorenzo Pelliza, y que cuando se hizo grande lo acompañó en cientos de circuitos y carreras tras haber forjado una sincera y noble amistad.
El “Ñato” había nacido en Mendoza el 17-05-15 y falleció en San Juan  el 06-09-84 cuando se encontraba de visita en los baños termales de Pismanta.

Los hermanos Gullé se dedicaron de jóvenes al transporte cordillerano por lo que Pablo conocía cada rincón  de la montaña como la palma de su mano. Se inició en una “Mendoza-San Juan” allá por 1935 como acompañante de su hermano Nicolás (Nicola) hasta que se independizó y empezó a correr en Mecánica Nacional y Fuerza Libre.

El 20 de abril de 1947, cuando se reinició la actividad mecánica luego del obligado paréntesis impuesto por La Segunda Guerra Mundial, al comando de un Ford-Bugatti ocupó el segundo puesto detrás de Clemar Bucci en el “Gran Premio de Fuerza Libre” que se disputó en Mendoza en un circuito de El Plumerillo, en Las Heras, donde el “Chueco” Fangio debió resignarse a un tercer lugar.

El 7 de setiembre de ese mismo año alcanzó uno de sus triunfos más resonantes al imponerse en las “500 Millas Argentinas” de Rafaela postergando nuevamente a Fangio que  debió abandonar y superando a los favoritos Ernesto Blanco, Angel Garabato, Scandroglio Ernesto Nanni y Mario Sessarego. Posteriormente un 4 de abril de 1948 inscribió su nombre como el primer mendocino ganador del Turismo de Carretera al vencer en el “Gran Premio Minero” de Malargüe.

Esa misma temporada se convirtió en un gran animador en las primeras etapas del “Gran Premio de la América del Sur”, más conocido como la “Buenos Aires-Caracas”, que se extendió durante 19 días para completar 9.575 kilómetros, entre el 20-10-48 y el 08-11-48. Gullé fue 5to. en el primer tramo, 2do. en el segundo, otra vez 2do. en el tercero y 3ro. en el cuarto hasta su abandono en el quinto parcial. A fines de ese año tuvo un destacado desempeño en la “Carrera Panamericana” que se corrió en México.

También resultó victorioso el 26-03-50 en el “Circuito Cuadro Nacional” de San Rafael, el 29-04-51 en el “Gran Premio Viñas y Sierras” en Luján de Cuyo, el 23-03-52 en el “Circuito del Río Diamante” en San Rafael, el 06-06-54 en el “Circuito La Tablada” de Córdoba, el 09-09-55 en el “Gran Premio Vendimia” de Mendoza, el 21-08-60 en el en el “Autódromo Parque Ciudad de Río IV” y el 25-01-61 por según da vez en el “Gran Premio Vendimia” de Mendoza siempre al volante de la Cupé Chevrolet que el mismo preparaba porque era un excelente mecánico. Se comentaba que con solo escuchar el ruido que hacia el motor ya sabía si existía alguna falla y de donde prevenía.

Un piloto de Fórmula Uno

Se recuerda la histórica jornada del domingo 6 de febrero de 1956 cuando se convirtió en el único mendocino que compitió en la Fórmula Uno Internacional en aquella carrera que sin puntaje para el campeonato mundial de conductores se disputó en el desaparecido autódromo del Parque Aborigen donde en esa época también se realizaba la Fiesta de la Vendimia.

Gullé condujo la Maserati que pertenecía a José Froilán González y pese a su inferioridad mecánica, porque debió entregar piezas de su motor a su compañero de equipo, Carlos Alberto Menditeguy, que había roto la biela en las pruebas de clasificación, ocupó un meritorio octavo puesto.

La prueba la ganó Juan Manuel Fangio, que al año siguiente obtendría por quinta vez el título de Campeón Mundial de Fórmula Uno, escoltado por el inglés Stirling Moss, el francés Jean Behra, el argentino “Charles” Menditeguy, el inglés Peter Collins, el belga Olivier Gendebien, el brasileño Chico Landi y nuestro Pablo Gullé. Todos, con la excepción del mendocino, venían de participar el 22 de enero en el “Gran Premio de la República Argentina”.

También quedó en la historia porque en noviembre de 1947 fijó el excepcional registro de 4 horas 25 minutos 39 segundos entre la Plaza de Las Heras y Santiago de Chile en el segundo y último tramo de la primera etapa del “Gran Premio Internacional de Turismo de Carretera”, récord jamás superado porque nunca más se volvió a recorrer la misma distancia. El conocido relator Luis Elías Sojit ponderó el manejo de Pablo en la cordillera donde al volante de su Cupé Chevrolet le había sacado diez minutos de ventaja a Domingo Marimón.

En distintos artículos publicados en la sección “Que Tiempos Aquellos – Nostalgia de Hechos y Personajes” Los Andes recordó  siempre con admiración y respeto al gran piloto: “La Leyenda que Todavía Corre” en la edición del 10-09-08 y “El Inolvidable Ñato Gulle: Corría y Ganaba con el Corazón” en la edición del 19-09-12. Hasta este nuevo homenaje que lo ubica entre los grandes personajes del deporte mendocino.

Te acordás hermano…

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Cuando Pablo Gullé se encontró en uno de los mejores momentos como piloto en 1956, en el mundo, el país y en Mendoza sucedían estos acontecimientos: En Mónaco, se realizó la boda entre  el príncipe Rainiero Grimaldi de Mónaco y la actriz estadounidense Grace Kelly.
El buque italiano “Andrea Doria” naufragó en el Atlántico, al este de Nueva York.
En Cuba, más de 80 revolucionarios cubanos a bordo del yate “Granma”, encabezados por Fidel Castro, llegaron el 2 de diciembre a las costas de Cuba para derrocar al dictador Fulgencio Batista.

En el país, falleció el ex-presidente general Eduardo Leonardi. También, se produjo un levantamiento cívico-militar, cuyo jefe fue el general Juan José Valle  quien fue reprimido severamente. Por orden del Presidente Aramburu, fueron fusiladas casi 30 personas, entre ellas el jefe del movimiento.

En Mendoza,  se produjeron los primeros casos de poliomielitis, luego la situación se profundizó y se habilitó la sala 9 del Hospital Emilio Civit para centralizar los casos de niños afectado a esta enfermedad.

Anécdotas de una leyenda del automovilismo

EL ÚLTIMO ADIÓS: Se recuerdan las palabras de despedida que le tributó el periodista de nuestro diario especializado en automovilismo, Bruno Ramón Rizzi, cuando el 6 de setiembre de 1984 se conoció la dolorosa noticia de su muerte: “No hubo bandera a cuadros ni pañuelos blancos en el aire. Simplemente el adiós a un grande del automovilismo deportivo, buen piloto, esposo y padre, que dejó una historia hecha  a fuerza de coraje y aceleración”.  También el periodista Miguel Angel Merlo muy conmovido por su fallecimiento escribió en Clarín: “Se fue un amigo del camino”.

UNA FAMIGLIA UNITA:  Su hija Dora Angela lo ha recordado siempre con infinita ternura: “Fue un buen padre, bueno, buenazo…Un hombre honesto, recto, que siempre nos dejó su ejemplo y nos brindó su protección. Cuando Juan Manuel  Fangio lo invitó  para que lo acompañara a correr en Europa el papá le contestó: “No puedo, “Chueco”, no puedo. Tengo una familia atrás que cuidar, que proteger. No me puedo ir tan lejos, ellos me necesitan a su lado”. Por eso Fangio eligió a José Froilán González para que lo acompañara en la Fórmula Uno”.

FRATERNIDAD TUERCA:  Con su excelente buena memoria su hija Dorita también evoca que cada vez que venía a correr a la provincia Domingo Marimón paraba en la casa donde vivían en la calle Videla Correa y que ella y su hermana Zulema Beatriz, cariñosamente le decían “El Abuelo”. Comenta además la excelente relación que tenía con los hermanos Gálvez de modo especial con Oscar (“El Aguilucho”)  y que era amigo de todos los pilotos a los que siempre les ofrecía su taller cuan do tenían que reparar alguna falla mecánica. Del mismo modo el afecto y respeto que sentía por los que fueron sus acompañantes:  Juan Stroppiana (solo en La Caracas), Juan Módica y Santiago  Palenzuela, su copiloto ideal.

CÁBALA DE AÑO NUEVO:  Según la leyenda cada 31 de diciembre, para celebrar la llegada del año nuevo, solía subir los Caracoles de Villavicencio  a gran velocidad, de noche y con las luces apagadas.  Otra anécdota recuerda su ingreso  al Túnel Internacional El Libertador (extensión de 3 kilómetros y fracción) en el “Gran Premio Internacional” de 1947 cuando el gendarme del puesto argentino tomó el teléfono para avisarle al carabinero chileno que estuvieran  atentos porque debía pasar Gullé. Del otro lado le contestaron: “Ya pasó”. En otra oportunidad, cuando ya estaba retirado, a su regreso de un viaje a Mar Del Plata, le pidió con picardía  al periodista Bruno Rizzi  de Los Andes: “No vaya a decir cuánto demoré, eh…¿Sabe qué pasa? Los caminos están muy buenos, no venía nadie en la ruta y el Torino anda bárbaro”. Si hasta ganó en el “Circuito Macul” de Chile pese a que en una de los últimas vueltas había perdido el capot de su máquina.

CAFECITO DOMINGUERO: Los fines de semana que no tenía que correr solía reunirse con sus amigos a jugar al dominó en Los Billares, frente a la confitería del ACA en la Av. San Martín. Otras veces cruzaba la calle para tomarse un cafecito en la vereda. Tenía gustos muy sencillos y era una persona de un gran corazón.

Diario Los Andes.