A 100 años del natalicio de Dante Emiliozzi, cuatri campeón de TC

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Se cumplen 100 años del natalicio de Dante Emiliozzi, cuatro veces campeón de TC junto a su hermano Torcuato.

Dante Emiliozzi nació en el barrio porteño de Floresta el 10 de enero de 1916, pero a los pocos años se trasladó con su familia a Olavarría y desde entonces fue sinónimo de la “capital del cemento”.

Su contacto con los motores fue un aprendizaje temprano, su padre tenía un taller mecánico y allí fue forjando su inventiva sin límite acompañado por su hermano menor Torcuato con quien formaría una dupla invencible.

Emiliozzi debutó en el automovilismo en la década del 30, comenzando a competir en carreras de Ford T y Ford A logrando sus primeros triunfos.

La Segunda Guerra Mundial interrumpió momentánemente la actividad automovilística en el país y recién volverían al ruedo en los 50.

Los hermanos Emiliozzi crearon La Galera, esa cupecita Ford implacable, pero el secreto del éxito estaba bajo el capot. Los “Gringos de Olavarría” modificaron el motor Ford colocándole válvulas a la cabeza, un invento que pasados los primoeros sinsabores los llevó a su primera victoria en Chacabuco en 1953 y provocó la curiosidad y la sorpresa de la casa matriz en Detroit, parecía imposible lograrlo.

Un día debieron definir quién de los hermanos sería el piloto y quién el acompañante a bordo, el primer triunfo lo dejó a Dante al volante en las manos y a Torcuato en la butaca de al lado para siempre.

El predominio de los Emiliozzi sucedió al de otro hermanos, los Gálvez, y así enhebraron cuatro títulos sucesivos entre 1962, 1963 -ganando 10 de 16 carreras y superando la barrera immpensada de los 200 km/h en Necochea-, 1964 y 1965.

Los tiempos del automovilismo comenzaban a cambiar, los autos compactos se abrían paso ante las venerables cupecitas. Las terminales nacionales apostaban todo a los nuevos modelos como el Falcon, el Chevrolet 400, el Valiant, llegaba el Torino, y los Emiliozzi buscaron la renovación técnica con un Baufer-Ford F100, pero no fue lo mismo, no hubo triunfos.

El final estaba cerca, Torcuato dejó la butaca de acompañante y en 1969, Dante corrió su última carrera con el moderno Halcon de Pronello en la Vuelta de Chivilcoy. La experiencia fue traumática y todo terminó en un accidente y en un incendio del que pudo escapar con quemaduras junto a su nuevo ladero Sabattini, era una señal, había que retirarse.

Ya alejado del automovilismo, Dante Emiliozzi volvió a su pago adoptivo y allí vivió hasta su muerte el 24 de enero de 1989.

Olavarría lo homenajeó con una avenida, un autódromo y el museo, orgullos de la ciudad, como Dante Emiliozzi.

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